sábado, 01 de mayo de 2010

No me quiere, ya no me quiere.

 

Siempre me había parecido que lo suyo no era amor verdadero,que yo no era para él más que un mero trofeo que lucir, alguien de quienpresumir con los amigos, para enseñar a la madre cuando viene de visita y pasael polvo sin discreción por encima de los muebles.

 

Intuía que en cuanto dejase de ser una novedad en su vida,ya no despertaría su atención como al principio, ya no se quedaría horasmirándome, extasiándose ante mis movimientos gráciles y coordinados, boqueandocasi como yo ante mi mera presencia.

 

Y ahora, por fin, había pasado.

Era capaz de pasar por mi lado y ni girarse a mirar, a pesarde mis esfuerzos por llamar mi atención con mis giros de cabeza.

Por las mañanas, no eran sus buenos días lo primero que mesaludaba, y por las noches no se acordaba de que a mí me gustaba que hubiesealgo de luz, porque la oscuridad me provocaba agorafobia.

 

No me quería, ya no llenaba sus días, mi compañía al otrolado del cristal ya no le resultaba suficiente.

 

Siempre lo había temido, había temido el día en que empezaraa tratarme como simplemente un pez.

 

Ya no me quedaba ningún motivo para vivir. Ya no me apetecíacomer, ni respirar...

 

-- Papá, papá, ven, ¡corre!

 

-- ¿Qué pasa, Juan?

 

-- Que la sirena del acuario se ha vuelto gris yflota...¿llamamos a un veterinario o a urgencias?

 

 


Publicado por EljardindeShere @ 14:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios