-- Mira, mami -- me dice mi hija mayor, casi cinco años de sabiduría y dos ojos negros que no se cierran del todo ni para dormir, como si tuviese miedo de que el mundo desapareciera si ella corriese del todo las cortinas de su interrogación hecha pupilas-- ahora somos una eme.
Albira se refería a que en ese momento iba caminando cogida de la mano de su abuela y de la mía, y parecíamos formar el perfil de dicha letra mayúscula.
En ese instante su abuela soltó su mano, y rauda como el viento, Albira explicó:
-- Y ahora sólo quedamos nosotras, que somos una ene.
El resto del paseo nos dedicamos a atribuir letras a las personas:
--Mira, un señor con bastón y bigote...es una eñe.
-- Y aquella mujer embarazada, una be.
-- ¿Y si está embaraza de mellizos será be mayúscula? --sugirió mi hija entre risas.
-- La amiga que empuja el carricoche de bebé, una ge minúscula, ¿no crees?
-- Síííí, y cuando el niño pase a usar la sillita de paseo, ¡una erre pequeña!-- la niña cada vez se emocionaba más con el juego.
Pasó una vecina a nuestro lado. La típica que abre tanto la boca para sonreír porque así le caben más cotilleos dentro.
-- Albira, qué guapa estás, mamá debe haberte puesto de rebajas. ¿Hoy no hay cole? ¿Seguro que has pillado el virus ese que tiene la vecinita del tercero, a que sí?
En cuanto la hubimos traspasado, sin pararnos a su lado, dirigiéndole no más que un breve saludo, Albira sugirió entre risas pícaras:
-- Esa es una hache.
-- ¿Hache? --Yo no veía la relación-- ¿Mayúscula o minúscula? Una hache mayúscula podría ser un enfermo en camilla, una minúscula, un anciana en bastón, pero...esta señora, no sé...
-- Sí, hache, mami. La hache es una letra molesta, que se empeña en estar donde no la esperas, que no sirve para nada, ni para pronunciarse siquiera, pero que no te puedes librar de ella o encima te ganarás una regañina por hacer mal el ejercicio. Es una letra que debería convertirse en humo, ¡umo sin hache, claro!
Y las dos nos reímos imaginando a la vecina convertida en humo, ella y todas las haches del mundo, y las personas que sólo servían para haches, dejando un planeta mucho más limpio y respirable.
A partir de ahí, descubrimos que las personas pueden ser letras en su aspecto y en su interior, y el juego dio de sí durante un buen rato.
Sobre qué letra se atribuyó a sí misma Albira, diré que fue la A de Escritora.
Ya, ya...escritora se escribe con e, pero, si se tienen cinco años y se quiere imitar a mamá y decir que de mayor quiere ser escritora, ¿por qué ponerle límites al abecedario?
Para mi hija, escritora se deletrea empezando por la A de Albira.